Si pinchas en la
fuente, podrás ver la animación y a los monjes sufriendo las descargas.
En 1746, Jean Antoine Nollet, abad del Gran Convento de los Cartujos en
París hizo una experiencia para comprobar que la electricidad se
transmitía lejos y rápido. Puso 200 monjes en fila, sujetando
entre cada dos de ellos un alambre de hierro de unos 7´6 m, lo que
da una longitud de más de 1500 m. Produjo una descarga eléctrica,
mediante su botella de Leiden y observó cómo los monjes
reaccionaban simultáneamente, contorsionándose, por el shock
que les produjo. Puede decirse que su experimento tuvo éxito, aunque
no se sabe si los monjes opinaron lo mismo.
El éxito de la energía eléctrica ha residido en la
posibilidad de transportar electricidad a grandes distancias, sin grandes
pérdidas en las líneas de transporte, Para comprender cómo
puede suceder esto hay que conocer el fenómeno de la inducción
electromagnética para comprender a su vez el transformador, que se
ve en detalle en 2º de bachillerato. Prescindiendo de esta comprensión
más profunda de las causas, diremos que con corrientes alternas puede
transportarse la corriente a grandes tensiones y pequeñas intensidades
con lo que las pérdidas debidas al calentamiento de la línea
de transporte se minimizan.
Cuando no existía la posibilidad de transportar la electricidad con
pequeñas pérdidas energéticas era preciso que los generadores
estuvieran próximos de los centros de consumo, por ello predominaron
en esta fase las centrales termoeléctricas frente a las hidroeléctricas.
Cuando se solucionó este problema, gracias a la corriente alterna
y a los transformadores, pudieron estar los centros de producción
lejos de los centros de consumo. En Zaragoza se construyó una central
hidroeléctrica en el molino de San Carlos, alimentada por el Canal
Imperial de Aragón. Esta central distaba 3 km de la ciudad de Zaragoza.
No nos resistimos a decir que uno de los primeros transportes de Europa
y quizás del mundo a 30.000 voltios tuvo lugar en 1904, desde la
central eléctrica de
Carcavilla, en el río
Gállego hasta Zaragoza (96 km)
Actualmente las líneas de alta tensión pueden transportar
electricidad a 800 kV e incluso más.