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sábado, 28 de febrero de 2015

¿De qué color ves este vestido? La ciencia explica por qué nadie se pone de acuerdo

Fuente: http://vozpopuli.com/next/58266-de-que-color-ves-este-vestido-la-ciencia-explica-por-que-nadie-se-pone-de-acuerdo

Se ha convertido en el tema del día en internet. Unas personas ven el vestido blanco y dorado y otras lo ven azul y negro. Aunque te parezca increíble, la neurociencia tiene una explicación para esta discrepancia.

La foto del vestido que está volviendo loco a todo el mundo - Foto Vozpópuli


Una buena parte de las personas que se han topado con la fotografía viral del vestido que circula este viernes por la red se han quedado mirando unos segundos y después han pensado que se trataba de una tomadura de pelo. Si yo veo claramente que es blanco y dorado, han pensando, ¿cómo puede haber alguien que lo vea negro y azul? O a la inversa. Pero lo divertido viene cuando uno pregunta a la persona que tiene al lado y resulta que ve una cosa diferente que nosotros.
¿Dónde está el misterio? Además de las condiciones de iluminación y contraste de la foto, la respuesta está en la manera en que tiene nuestro cerebro de interpretar la luz y valorar el color en función del contexto. Nuestro sistema visual funciona básicamente interpretando unos estímulos en la retina, de diferentes longitudes de onda, y haciendo una especie de ponderación que termina con una interpretación de nuestro cerebro. En otras palabras, los colores son una invención de nuestro cerebro y, como se puede demostrar con algunas ilusiones visuales muy sencillas, algo nos puede parecer de un color u otro en función de lo que tenemos alrededor, como en la famosa ilusión de las cuadrículas del tablero.
Aunque no lo creas, A y B son del mismo color
Ahora bien, el caso de la foto del vestido es realmente llamativo. "He estudiado las diferencias de percepción visual del color durante 30 años y esta es una de las mayores diferencias que he visto nunca", asegura el neurocientífico de la Universidad de Washington Jay Neitz en Wired. En su caso, él percibe blanco y dorado, pero la realidad objetiva es que el vestido es negro y azul. De hecho, ya se ha identificado el modelo y los fabricantes se plantean hacer una versión en blanco y dorado.

Para el neurocientífico Kyle Hill la discrepancia en la percepción tiene su explicación en la evolución. El sistema visual ha evolucionado en un entorno de luz cambiante y nuestro cerebro tiene que ponderar muchas variables para llegar a una conclusión sobre lo que está viendo. "Lo que está pasando aquí es que tu sistema visual está mirando a este objeto y trata de descartar el sesgo cromático de la luz diurna", asegura Bevil Conway, experto en color y visión del Wellesley College. "Así que la gente o bien descarta la parte azul, en cuyo caso terminan viendo el vestido blanco y dorado, o bien descarta la parte dorada, en cuyo caso terminan viéndolo azul y negro".
"Tu cerebro ajusta la percepción de color en función del momento del día"
Para Luis Martínez Otero, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, ésta es también la explicación correcta. "Tu cerebro ajusta la percepción de color en función del momento del día", explica. "Aplicas un baremo de descuento de luz por defecto y hay gente que aplica más el filtro de mañana y otros el de transición tarde-noche". La diferencia es que uno valora más hacia el azul y el otro más al anaranjado, y un mismo individuo puede percibir de maneras distintas a lo largo del día. "Para valorar la percepción", recalca, "hay dos contextos, uno externo y otro interno. Lo que sucede es que este último es tan subjetivo que casi nunca se tiene en cuenta". En cualquier caso, destaca, “este el caso en el que he visto en diferencias, nunca había visto nada igual con unas diferencias tan grandes entre personas”.


El asunto se pone más interesante cuando los especialistas en Photoshop analizan los fragmentos del vestido para comprobar de qué color es cada parte objetivamente. Lo que se ve es que las partes que algunas personas ven como azul son efectivamente de un azul muy pálido, aunque están en una zona que roza con el anaranjado. El experto de Wired ha ido más allá y demuestra que en función de cómo se edite la luz de la fotografía, forzando hacia arriba o hacia abajo, se puede percibir de una forma o de otra. Y el ejemplo es muy bueno, porque de hecho nuestro cerebro está haciendo algo parecido. Pondera, contrasta y decide qué color está viendo en función del fondo, la iluminación y los colores adyacentes. Y si nadie nos dice nada, ni se nos pasa por la cabeza que otros los estén viendo de forma diferente.
Referencias: The Science of Why No One Agrees on the Color of This Dress (Wired) | WHAT COLOR IS THAT DRESS!? (Nerdist)

jueves, 9 de junio de 2011

COCHES Y MUÑECAS

  http://www.facebook.com/note.php?note_id=417246749317

En el año 2002, la investigadora Melisa Himer llevó a cabo un interesante experimento con individuos de ambos sexos, de muy corta edad, que no habían recibido aún influencias parentales ni ambientales. Les entregó varios juguetes sexistas: Coches y muñecas. Si el ambiente o la cultura fuesen responsables de las diferencias sexuales durante el juego, esperaríamos encontrar a sujetos masculinos y femeninos jugando indistintamente con ambos juguetes. Pero no fue así. El 100 % de los primeros jugaron con coches, mientras las segundas lo hicieron con ambos juguetes. Esto probaba la existencia de un claro dimorfismo sexual de origen biológico en… ¡unos monitos!

Comprendo el temor de muchas personas a enfrentarse con este tipo de hechos en los seres humanos: La justificación de la discriminación sexual o de la superioridad intelectual de uno de los sexos. Pero la neurobiología nos muestra que hay muchas “inteligencias” y que, además, esa superioridad intelectual no existe. Paralelamente, la Ética considera que el sexismo es inaceptable.

Pero, ¿por qué no van e existir diferencias en el cerebro y en el producto de su actividad, la mente, si las hay en la entrepierna (con perdón)? Estas diferencias anatómicas son el resultado de la acción de las hormonas, que a su vez obedecen las órdenes dictadas por las dotaciones cromosómicas de los embriones XY (machos) o XX (hembras). Es un plan grabado mediante selección natural en nuestros cromosomas, millones de años atrás, para asegurar la transmisión de los genes. Por esta razón disponemos de órganos sexuales diferenciados y una batería de conductas que garantizan el apareamiento, el cuidado de la prole y los vínculos afectivos en el seno de la familia. Lo cual significa que sentimos con las mismas estructuras nerviosas del pasado, en un tiempo y en unos entornos en los que las relaciones son mucho más complejas. Afortunadamente, nuestro cerebro también está dotado de otras herramientas cognitivas: El lenguaje, algunos circuitos morales innatos, que controlan ese fuego interno hormonal y otros, en los lóbulos frontales, con funciones intelectivas superiores. E interaccionado con todo, la experiencia individual, la educación y la cultura acumulada.

Obviando el tamaño cerebral, más grande en los varones que en las hembras, como lo es su tamaño corporal, la primera diferencia se da en un pequeño núcleo del hipotálamo, esa glándula endocrina ubicada en la base de nuestro cerebro que controla, entre otras funciones, la temperatura, el hambre y la reproducción. Este núcleo, 2.5 veces mayor en los hombres, es el responsable del impulso y el comportamiento sexual típicamente masculino.

Una segunda diferencia reside en las neuronas espejo, repartidas por diferentes áreas cerebrales. Estas células se activan cuando un animal, como el ser humano, observa el comportamiento de otro, especialmente si es de su misma especie. Intervienen en procesos de aprendizaje por imitación, en la empatía (ponerse en el lugar de los demás) y en otras capacidades cognitivas necesarias para la vida en grupo. Recientes estudios han confirmado que las mujeres poseen más neuronas espejo, lo que se traduce en algo más de “contagio” emocional. Esto les permitió, en el amanecer de los homínidos, interpretar mejor las emociones de las crías y mantener los lazos familiares.

El cuerpo calloso, esa banda de tejido blanco que comunica los dos hemisferios cerebrales, es también mayor en las mujeres. Su función está vinculada al trasvase de información entre la parte izquierda del cerebro, más analítica, y la derecha, más emocional. Esta diferencia explica por qué las mujeres son más conscientes de sus propias emociones y las manejan mejor, por qué las incorporan más fácilmente al pensamiento y al habla y por qué establecen juicios y valoraciones de forma más rápida y acertada (¿son más intuitivas?). Esta mejora dotó a las hembras humanas de una mayor capacidad de mediación y de resolución de conflictos en el seno de la tribu, mientras el macho se encargaba de la exploración del territorio y la caza, impulsado, instintivamente, por el mayor tamaño de otra área hipotalámica: La de defensa.

Sin embargo, estas y otras diferencias cerebrales son insignificantes frente a lo que compartimos como especie. No obstante, su conocimiento debería de ser el punto de partida para entendernos como seres humanos y llevarnos mejor los/as unos/as con los/as otras/os.

Diario Córdoba 8.6.2011